20071212

ahora mismo están muriendo soldados.

Puede que no nos preocupe, o que incluso nos parezca bien que soldados americanos estén muriendo en Irak, en una guerra que empezó por falsos motivos y que por ello tiene en contra a toda la opinión pública, y en especial la del resto de Occidente.
Pero de lo que no nos damos cuenta es de que estos soldados que condenamos por disparar en un país que no es el suyo no dejan de defendernos a todos nosotros. Es muy fácil decir “retira las tropas de Irak Sr. Bush”, pero cuando decimos esto lo hacemos sin pararnos a pensar. Y digo sin pararnos a pensar, por que en el fondo, si meditamos un poco nos damos cuenta de una cosa, y es que dejar ahora el país no sería más que entregárselo en bandeja al enemigo.


Si, al enemigo. Al enemigo común de Occidente, de América, de Europa, de España, nuestro enemigo. Pues contra los que luchan los soldados del ejército americano es contra el extremismo islámico, y estos soldados no son sino críos que evitan que los distintos grupos islamistas y en especial Al-Qaeda tomen el país y lo dominen bajo el yugo del fanatismo religioso en pro de crear una auténtica fábrica de terroristas suicidas que sumiría en el caos a todos nuestros países.
Pero no, los americanos son los malos. Protegen como pueden a la ciudadanía iraquí sin estar nunca del todo seguros de si el barrendero o transportista con el que quieren hablar es un terrorista o un inocente. La vida en Irak es así, nunca sabes donde está la bomba que
reventará tu coche blindado o de donde vendrá la bala que te volará la tapa de los sesos cuando saludabas a un niño que te enseñaba el pulgar hacia arriba cuando te vio pasar en tu convoy, y es más, ni siquiera sabes si la mujer que se acerca llorando, gritando en un idioma que desconoces, va a activar el explosivo que lleva bajo sus ropas y va a mandarte a ti y a tus hermanos de armas, a tus compañeros, al otro barrio de un bombazo.Los soldados están expuestos, con sus visibles uniformes y pesados vehículos luchan contra guerrillas camufladas de civiles, que ocultan armas de fuego y bombas pegadas al cuerpo bajo la ropa. Los enemigos, los terroristas, se ocultan entre la población, a la cual presionan, amenazan y matan para no ser delatados.
Lo más triste de todo esto es que aunque no los veamos, estos chicos de 18, 23, 20 años son los verdaderos héroes actuales de la civilización occidental. Sin embargo cuando llegan a sus casas los vecinos los reciben como extraños, como culpables de asesinar algún inocente en un país lejano, como auténticos traidores, cuando son ellos los que, en el fondo, y por mucho que me duela decirlo (pues siempre he sido un tanto “antiyankie”)
nos protegen a todos.Así lucha el soldado americano, siempre solo, ante cientos de sombras sin saber cual de ellas es el verdadero enemigo y cual es un simple ciudadano iraquí.
Es verdad que la guerra se comenzó con mentiras, es cierto que las armas de destrucción masiva no existen y nunca existieron, es cierto que W. Bush tenía intenciones directas para con el petróleo cuando embarcó en tan dura empresa a todo un país, pero lo que tambien es cierto, y lo más importante, es que la guerra se ha comenzado, y por tanto debe acabar.

Para que decir que los que debemos ganarla, somos nosotros.

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